Sostenibilidad, justicia y plurarquía
Vivimos en la sociedad de las tres "C": consumo, competitividad y control.
Se nos ha convencido de que tanto el bienestar particular como el comunitario dependen de nuestra capacidad para consumir. Consumir no solo debería mejorar nuestra calidad de vida sino que, en teoría, debería impulsar la economía de nuestra comunidad, haciendo que también los que nos rodean mejoren su calidad de vida.
Sin embargo la capacidad para consumir viene limitada por la capacidad del ecosistema para proporcionarnos recursos naturales y para asimilar la polución que generamos. Es necesario, por lo tanto, cambiar nuestra forma de vida a otra en la que asumamos que el consumo debe ser limitado, de forma que el ecosistema funcione de forma sostenible.
Se nos ha convencido de que la mejor manera de que todos contribuyamos al bien común en la medida de nuestras posibilidades es hacernos competir a los unos contra los otros: es así como se espera que cada individuo sea tan productivo como le sea posible.
La consecuencia de esta competición salvaje es que el reparto de recursos es totalmente injusto: mientras que una parte de la población disfruta de un alto nivel de vida merced a un exagerado consumo de recursos otra parte ni siquiera tiene acceso a disfrutar de la mayor parte de los recursos que extrae del ecosistema. Quien domina los recursos no suele ser quien los extrae del ecosistema, sino quien comercia con ellos. Es necesario, por lo tanto, exigir que toda relación comercial se encuadre dentro de las prácticas del comercio justo.
Se nos ha convencido de que para que la información sea fiable debe estar controlada por poderes públicos y privados profesionales.
Sin embargo esos medios profesionales a menudo ocultan o distorsionan la información, impidiendo que podamos juzgar el grado de sostenibilidad ambiental o de justicia social de cada una de las actividades humanas e impidiendo, al mismo tiempo, que podamos apoyarlas o rechazarlas. Es necesaria, por lo tanto, la defensa de un sistema de intercambio de información basado en la plurarquía, en el que todo el mundo pueda contribuir en igual medida y nadie tenga la capacidad de silenciar a otra persona.
Debemos pasar de una sociedad basada en consumo, competitividad y control a otra basada en sostenibilidad, justicia y plurarquía.
¿Pero como llevar a cabo semejante revolución?












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Me ha gustado esta invitación a la reflexión. Los debates que planteas están más relacionados de lo que parece y se harán más evidentes cuanta más alfabetización digital consigamos. No sé por ahí, pero en esta materia Galicia ronda el cero patatero... :-(
César Salgado — 17-08-2009 - 21:01:38 GMT 1
Aquí, en Extremadura, la "alfabetización digital" no pasa de la mera enseñanza del uso de aplicaciones ofimáticas. Las implicaciones sociales de las TIC todavía no entran en el temario.
Ángel Vázquez Hernández — 18-08-2009 - 23:16:01 GMT 1