Economía para antipiratas
Una cosa es la realidad y otra cosa es la interpretación que hacemos de ella. La realidad es sumamente compleja y polifacética, y toda interpretación que hagamos de ella no será mas que una simplificación mas o menos burda que nos permite interactuar con nuestro entorno mas o menos acertadamente.
A esas interpretaciones simplificadas de la realidad se les llama modelos. Todo el mundo usa modelos para tomar sus decisiones y, aunque no se puede decir que haya modelos perfectos (porque, como ya he dicho, todo modelo es una interpretación simplificada de la realidad) si puede decirse que la validez de un modelo sea mayor o menor, entrando en crisis a medida que los fenómenos que no puede explicar se acumulan encima de la mesa.
Uno de los modelos actualmente en crisis es el llamado modelo clásico o modelo neoclásico de la economía (en realidad creo que debería hablar de modelos clásicos, puesto que hay muchas variantes). Tal y como explicaba Florent Marcellesi no hace mucho...

Según el modelo clásico el sistema económico lo abarca todo: todo es mercantilizable y su valor es expresable en términos monetarios, y el estado general del sistema puede ser cuantificado mediante el PIB. El sistema social es un subsistema del gran sistema económico, y la biosfera resulta ser un subsistema del subsistema social.
No estoy, sin embargo, totalmente de acuerdo con Marcellesi en lo relativo a que el modelo clásico confie en el libre mercado. Una administración intervencionista puede mostrar también unos planteamientos acordes con este modelo. Es mas: nuestro actual sistema económico, que justifica sus actuaciones según este modelo clásico, dispone de organos reguladores que permiten aumentar o disminuir el caracter intervencionista de las administraciones públicas según se estime necesario.
Si, en cambio, coincido con él en la exagerada importancia que se concede a un indicador que, a mi juicio, tiene una validez relativa a la hora de describir el estado de un sistema económico. Ese indicador es el PIB que, según la Wikipedia...
El Producto Interno Bruto, Producto Interior Bruto (PIB) o Producto Bruto Interno (PBI) es el valor monetario total de la producción corriente de bienes y servicios de un país durante un período (normalmente es un trimestre o un año). El PIB es una magnitud de flujo, pues contabiliza sólo los bienes y servicios producidos durante la etapa de estudio. Además el PIB no contabiliza los bienes o servicios que son fruto del trabajo informal (trabajo doméstico, intercambios de servicios entre conocidos, etc.).
Me he permitido destacar en negrita el final del párrafo para llamar la atención sobre el hecho de que el PIB no contabiliza el trabajo informal y, sin embargo, es utilizado como indicador principal para estimar si la economía de un país está en recesión o no.
Esto significa que cualquier administración cuyos resultados electorales futuros puedan depender del indicador PIB sentirá la irresistible tentación de aumentarlo como sea, y todo trabajo informal que pueda representar una alternativa al trabajo formal será considerado una amenaza.
Me explicaré con algunos ejemplos sencillos:
- El software libre está siendo desarrollado y distribuido, en gran medida, por trabajadores voluntarios que no cobran por ello y que, en consecuencia, no figuran en ninguna contabilidad ni realizan aportación ninguna al PIB. El software privativo, como a menudo explica Maria Garaña, implica en su producción, distribución y venta a un gran número de trabajadores, cuyos ingresos contribuyen a aumentar el PIB. Es evidente que el software privativo tiene un alto coste y que el software libre representa un importante ahorro económico, y sin embargo el PIB considera positivo al software privativo y una amenaza (en cuanto competencia del software privativo) al software libre (es como si para ayudar a la industria del automóvil se regalaran coches, decía la presidenta de Microsoft Ibérica y presunta asesora del gobierno de Zapatero en materia de "economía sotenible", no hace mucho).
- La distribución y venta de literatura, música y cine en las grandes superficies es un lucrativo negocio que, sin duda, tiende a incrementar el PIB. La distribución gratuita de obras libres (literatura, música y, si, incluso cine) a través de la red apenas contribuye directamente al PIB (contribuye en la medida en que pagamos una factura por nuestro ADSL, lo cual es tanto como decir que la distribución de CDs y DVDs contribuye al PIB a través del consumo de gasoil del camión que los transporta). Dado que la cultura gratuita representa una alternativa a la industria cultural, teniendo en cuenta las aportaciones directas al PIB que hacen la una y la otra es normal que quien no vea mas allá del modelo económico clásico opte por fomentar la industria cultural y por hundir la cultura libre (la lengua española es un intangible que aporta elevados porcentajes al PIB de los países hispanohablantes «y por eso hay que estudiarlo con la frialdad de de las cifras económicas», decía Carmen Calvo cuando era Ministra de Cultura).
Así que, mientras nuestros gobernantes sigan viendo la economía a través del modelo clásico, tanto la industria del software como la industria cultural (por poner solo un par de ejemplos) solo tendrán que enarbolar la sacrosanta bandera del PIB para llevar el agua a su molino. Y nunca faltará quien insinue que el actual gobierno (de presunta izquierda) es demasiado liberal en temas de propiedad intelectual (mejor digamos "presunta propiedad intelectual" o "derechos de autor": otro día explicaré por qué estos matices) para terminar exigiendo una regulación del sistema (aquí tenemos un claro ejemplo de como el modelo clásico también sirve para ejercer una administración intervencionista).
Hagamos, por un momento, el papel de abogado del diablo. Supongamos que el modelo clásico aquí descrito es el menos malo para tomar decisiones en nuestra sociedad. Es aquel que mejor puede orientar las decisiones de una empresa y, a la larga, el que mayores beneficios sociales puede generar.
Pero entonces ¿Cómo explicar que mientras el cine español tiene unos resultados económicos patéticos la productora Zinkia cuelga en YouTube los vídeos de su principal activo, Pocoyo, y se ha convertido en un negocio mas que lucrativo (Pocoyo se estrena en bolsa con una subida del 27,6%, decía no hace mucho el diario El País)? ¿No deberían, según el modelo clásico, ser las descargas libres un freno y no una ventaja a la rentabilidad de la empresa? ¿Debería entonces Zinkia cerrar su canal en YouTube y comenzar a perseguir (como hacen sus colegas audiovisuales de otras productoras) a todo aquel que intercambie videos en la red?
Dejo a mis estimados antipiratas mesándose los cabellos y devanándose los sesos para responder al desafío de Zinkia, y preguntándose hasta que punto es razonable (y útil) el modelo económico clásico.












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Muy interesante artículo, Ángel. En realidad, deja más bien clarito por qué las administraciones públicas (además de otros aspectos más relacionados con trajes y anchoas) apoyan tan sorprendentemente a la industria cultural y del software propietario en vez de defender el libre acceso a ambos de sus ciudadanos.
Renovarse o morir. Y los que aun no han visto las posibilidades de la nueva sociedad y de las nuevas tecnologías, suelen tener una edad más avanzada.
Nacho — 08-08-2009 - 16:34:31 GMT 1
Una introducción clara y directa a un aspecto interesante del PIB.
Gracias, muy interesante.
H — 10-08-2009 - 18:54:54 GMT 1
Vaya estupidez de Post. Seguro que te has creido muy original. Y en eso tienes razón. Pero es un sin sentido de principio a fin.
En fin...
Lestat — 02-09-2009 - 12:14:25 GMT 1