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Sombras de corrupción sobre ISO y AENOR

anvazher @ 10:31


AENOR e ISO

Pues sí: hay sospechas de corrupción sobre AENOR e ISO ¿Qué no conocen AENOR e ISO? Pues deberían, por la cuenta que les trae.

A algunos seguro que no les resultan desconocidos. En los tiempos que corren se pide a muchas empresas que certifique la calidad de sus procesos de producción, de sus productos, del respeto al medio ambiente en su actividad cotidiana, etc. Para estas certificaciones, y para otras similares, no basta una declaración jurada: hace falta una certificación emitida por una agencia independiente, de acuerdo con criterios internacionalmente aceptados.

Pues bien: los criterios internacionales los redacta un organismo internacional conocido como ISO, y su representante a nivel español es AENOR. Las certificaciones emitidas son aceptadas como válidas en todo el mundo, y lo seguirán siendo mientras ISO y sus asociados (entre los que se incluye AENOR) estén libres de toda sospecha. Entre las certificaciones mas conocidas están la ISO 9000 y la ISO 14000, por ejemplo, que certifican la calidad en la gestión y el respeto al medio ambiente.

Pero ¿qué ocurriría si una multinacional consiguiera manipular todo este sistema de certificaciones en su provecho y obtener una certificacion a todas luces falsa? ¿En qué situación quedarían las demas certificaciones ISO? ¿Merecería la pena, para una empresa, realizar el esfuerzo económico destinado a conseguir una certificación ISO, una vez que el sistema hubiera sido desacreditado? ¿En cuantas empresas se produciría una merma en la calidad de gestión, de producto, de respeto al medio ambiente, etc... una vez que estuviera claro que era inútil su certificación?

Puede que lo sepamos pronto, ya que la multinacional Microsoft se está encargando de poner a prueba todo el tejido internacional de los socios de ISO, incluyendo a AENOR.

La importancia de los estándares abiertos

Esta historia comenzó el día en que se concedio el certificado ISO 26300 a la especificación Open Document para documentos ofimáticos. Esta certificación consagraba a Open Document (mas conocido como ODF) como el primer (y, hasta ahora, único) estándar abierto para documentos ofimáticos. Para los que no lo conozcan aclararé que esta especificación es un conjunto de formatos libres para textos, bases de datos, hojas de cálculo, presentaciones, etc.

Quizá alguien piense que ya Microsoft había estandarizado estos formatos, pero a pesar de su presencia en el mercado informático (o, quiza, debido a ello) Microsoft nunca estuvo interesado en los estándares abiertos: Microsoft siempre trabajó con sus propios formatos, obligando a otras empresas y creadores de software a imitarlos y, a ser posible, a pagar por ellos. Hoy en día todavía muchos webmasters se quejan de estar obligados a crear dos versiones de cada página web: una en HTML estándar, para la mayoría de los navegadores, y otra optimizada para Internet Explorer, que a pesar de no interpretar correctamente el HTML estándar es utilizado por muchos internautas.

Pero volvamos a los formatos que nos atañen. Pongamos un ejemplo: el formato .doc para documentos de texto. La mayoría de los usuarios de procesadores de textos han redactado y guardado alguna vez un documento en formato .doc, el formato nativo de Microsoft Word. Si alguien quiere editar documentos en este formato tiene un par de opciones:

  • Utilizar herramientas vendidas por Microsoft, o por empresas a quienes Microsoft les ha pasado toda la información secreta necesaria para construir herramientas que puedan editar documentos en este formato.
  • Utilizar herramientas libres y gratuitas que, gracias al esfuerzo de un número indefinido de voluntarios, logran una capacidad de edición de este formato mas o menos satisfactoria, aunque sin plenas garantías de éxito.

El formato .doc no es un estándar abierto, básicamente, por tres motivos:

  • Porque para disponer de herramientas que puedan utilizar todas las posibilidades del formato es necesario pagar una cantidad de dinero (que no suele ser pequeña).
  • Porque no se han publicado todos los detalles sobre su funcionamiento interno, sin los cuales no es posible la creación de herramientas capaces de utilizar todas las funcionalidades del formato. Si dentro de algunos años Microsoft decide olvidarse de dicho formato es posible que, con el tiempo, esta información se pierda, y llegará un momento en que los documentos redactados formato .doc no podrán leerse porque la información necesaria para su decodificación se habrá perdido.
  • Porque, aunque se hubieran publicado, la implementación de dichos detalles en herramientas de software libre podría exponer a los creadores de dicho software a una demanda por violación de patentes.

Sin embargo el formto .odt, Open Document Text, está disponible en un puñado de aplicaciones libres y gratuitas. Todas los detalles sobre su funcionamiento han sido publicados, y concedidos todos los permisos a cualquiera que desee utilizar esta información para crear su propio procesador de textos sin necesidad de pagar licencias ni patentes. Cualquier usuario de cualquier sistema operativo puede trabajar libremente en dicho formato, sin pagar nada a nadie, y sin limitaciones en su uso. Por eso el formato .odt es considerado un estándar abierto y el formato .doc no es considerado como tal.

Los estándares abiertos son especialmente interesantes porque, además de su bajo coste para el usuario final, garantizan una mayor vigencia del software necesario para su lectura y porque facilitan el intercambio de información entre aplicaciones de todo tipo, simplificando mucho el flujo de información entre administraciones públicas y ciudadanos, y elimina la dependencia de un determinado proveedor de software.

A Microsoft no le interesan los estándares abiertos

Esto, por supuesto, no preocupó a Microsoft mientras dispuso de una suite ofimática sin competencia digna de mención. Ciertamente Open Office lleva años en el mercado, pero la falta de una adecuada aplicación de bases de datos en la suite libre la colocaba en clara desventaja frente a Microsoft Office.

Sin embargo la versión 2.0 de Open Office ya incluye una base de datos, utiliza ODF como formato nativo y, por si fuera poco, tiene capacidad de exportar cualquier documento a otra especificación abierta, la pdf/a (actualmente está tramitando su certificación como estándar abierto) y todo disponible gratuitamente para los principales sistemas operativos actuales. A la suite de Microsoft solo le quedaba un punto a su favor: su enorme presencia en el mercado de los ordenadores personales, gracias a la presencia de sus sistemas operativos Windows.

Pero las administraciones públicas están comenzando a utilizar estándares abiertos y a hacer mencion de su uso en las leyes. Microsoft, consciente de este nuevo marco, necesita que sus formatos sean considerados como estándares abiertos, so pena de perder presencia en las administraciones públicas y, mas a largo plazo, en los ordenadores de los usuarios domésticos.

Por eso Microsoft ha creado realizado su propia propuesta de estándar abierto, conocida como OOXML. OOXML, además de adolecer de ciertos defectos de funcionamiento (que provocan errores en la hoja de cálculo, por ejemplo), no puede ser considerado abierto por no haber sido publicada toda la información sobre su funcionamiento (con lo cual solo Microsoft, y otras empresas a las que Microsoft le venda su información y los permisos necesarios podrán implementar correctamente dicho software en sus aplicaciones: esto deja al margen las aplicaciones de software libre), porque no se sabe a cuantas patentes de software afecta y porque, además, no existe aún ninguna implementación, ni libre ni privativa, que la utilice.

Es de suponer que Microsoft pretende que, una vez su formato sea oficialmente reconocido como estándar abierto, las administraciones públicas elijan su formato en lugar del actual ODF, obligando así a los usuarios domésticos a adoptar dicho formato: esto obligaría a todo el mundo a adquirir nuevo software de Microsoft:

  • Los actuales usuarios de Windows Vista solo tendrán que instalar un nuevo software para poder utilizar el futuro formato OOXML, aún no disponible. El formato que actualmente utiliza Vista es una versión especial de OOXML, no la versión que se desea certificar como estándar.
  • Los actuales usuarios de Windows XP y otros sistemas propietarios... se supone que deberían poder utilizarlo instalando un nuevo software, pero ¿quién sabe? Todo depende del interés de Microsoft en obligar o no a migrar a Vista, con la consiguiente compra de nuevos ordenadores en muchos casos.
  • Los actuales usuarios de sistemas operativos libres podrían quedarse tirados en la cuneta, debido a la inexistencia de implementaciones libres de OOXML. Esto incluye a parte de las administraciones públicas y a muchos usuarios domésticos.

Juego sucio

Cabe pensar que AENOR, al igual que los demás componentes de ISO, denegarán la ceritificación de estándar abierto a semejante formato, pero la realidad es que Microsoft ya contaba con ello y ha actuado en consecuencia: en España, por ejemplo, se han tergiversado documentos emitidos por diversas administraciones públicas para ser mostrados como apoyos a OOXML (con la consiguiente protesta oficial de, por ejemplo, la Junta de Andalucia, cuyo nombre ha sido falsamente utilizado como promotora de este formato), en Portugal se ha expulsado del proceso decisorio a empresas como IBM o Sun Microsystems(con la excusa de que "no había suficientes asientos para todos en la sala"), en Estados Unidos los partidarios de OOXML se multiplicaron repentinamente en el último momento, etc. La discusión se extiende por todo el mundo.

Si, a nivel mundial, Microsoft consigue un número de votos suficiente, habrá doblegado a ISO y habrá dejado muy malparada su imagen a nivel mundial. Con la pérdida de imagen de ISO también perderán imagen de calidad todas aquellas empresas que ostenten certificados de dicho organismo, y las políticas de promoción de calidad certificada quedarán muy dañadas. Muchas empresas considerarán que, de no poder certificar adecuadamente sus esfuerzos para una gestión de calidad y respetuosa con el medio ambiente no merece la pena el esfuerzo.

Y, de paso, Microsoft se habrá asegurado al menos otros diez años de predominio en los formatos ofimáticos: el tiempo que tardaremos en convencer a las administraciones públicas de que las certificaciones ISO, en ocasiones, no significan nada.

Sin embargo, si se impone la cordura y la propuesta es devuelta a Microsoft sin la certificación como estándar abierto, todos nos evitaremos una considerable cantidad de dolores de cabeza.

¿Qué se puede hacer para evitar lo peor? Hay un par de posibilidades:

  • Participar en alguna de las campañas ya organizadas en contra de la certificación de OOXML.
  • Difundir esta noticia en todos los medios a su alcance, dentro y fuera de la red.

Y recuerde: no es un asunto de nivel nacional, sino una decisión a nivel mundial. Las campañas a favor y en contra de OOXML se están desarrollando por todo el mundo.

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