Resulta difícil definir con precisión el significado de la palabra información. Podríamos decir que una información es una acumulación de datos. En su forma mas abstracta una información carece de significado mientras no se procese para construir un objeto que puede ser físico o mental.
Al decir que la información puede procesarse para construir un objeto físico me refiero, por ejemplo, al croquis que se materializa en un plano, a la receta que se materializa en un suculento plato, o al código genético que se materializa en un ser vivo. Es un tema apasionante, pero será materia para otro post.
En este post prefiero centrarme en la otra posibilidad: la de que la información sea procesada para crear un objeto mental. Puede sonar extraño, pero en realidad es algo que hacemos constantemente: lo llamamos aprendizaje.
Según Ausubel se produce un aprendizaje significativo cuando se recibe nueva información y esta se relaciona con la que ya teníamos. Esto significa que el aprendizaje consiste en establecer relaciones entre lo que ya sabíamos y la información que acabamos de recibir, enriqueciendo así nuestra estructura cognitiva (nuestro conocimiento, nuestra particular interpretación de la realidad).
De aquí se deduce una consecuencia interesante: según el modelo constructivista de Ausubel el resultado del aprendizaje depende tanto de la información recibida como de los conceptos previos asimilados por la estructura cognitiva. En ocasiones estos conceptos previos están tan asimilados en nuestra estructura cognitiva que ni siquiera cuestionamos su validez, imposibilitando así la asimilación de nuevas ideas que los contradigan.
El aprendizaje puede estar referido a conocimientos de naturaleza muy variada, pero casi cualquier conocimiento puede asociarse al menos con una de tres clases generales denominadas conceptos, procedimientos y actitudes.
¿A donde nos lleva todo esto? Pues nos lleva a que la capacidad de las personas para interactuar entre ellas dependerá, en gran medida, de que compartan unos mismos conceptos, procedimientos y actitudes. En la mayoría de los casos nos encontraremos, por ejemplo, con que un zulú, un europeo y un inuit apenas interactuarán entre ellos, porque sus diferencias culturales son tan grandes (distintas lenguas, religiones, tradiciones, modos de vida, etc.) que será difícil que hagan algo en común. Grupos de zulues, europeos o inuits, sin embargo, se organizarán rapidamente entre ellos para trabajar o irse de fiesta...
Cada grupo social que comparta una cultura común (unos conceptos, procedimientos y actitudes comunes) se constituirá en una tribu que actuará como una unidad social reforzando los lazos entre los individuos que la componen y diferenciándose de las otras tribus, llegando a desarrollar sus propios códigos de comunicación que abarcan desde un léxico particular (expresiones con un significado especial dentro del contexto de la tribu) hasta una determinada estética (ropa, iconografía, música, etc). La integración en una tribu puede contribuir en gran medida a satisfacer las necesidades sociales representadas en el tercer nivel de la pirámide de Maslow, lo que significa que gran cantidad de personas dedicarán muchos esfuerzos a reforzar los lazos con su tribu.
En estas tribus pesa mucho el llamado efecto red: cuanto mas crezca un grupo mas interesante será para alguien pertenecer a él (aunque para el grupo la aparición de un nuevo miembro resulte cada vez menos importante). La consecuencia es que las tribus mayoritarias crecen con mas facilidad que las minoritarias, de forma que es fácil que las tribus mas grandes crezcan a expensas de las mas pequeñas. Este fenómeno es especialmente apreciable, por ejemplo, en partidos políticos.
En ocasiones la cultura puede convertirse en negocio. Si en una tribu el código incluye ciertos productos o actividades susceptibles de ser comercializadas entonces las empresas que comercialicen esos productos tendrán una clientela fiel que las defenderá como parte de si mismos. Algunos ejemplos claros podrían ser los seguidores de los equipos de futbol profesional, o los fans de las estrellas de la música pop.
Asi que muchas empresas dedican grandes cantidades de recursos a costosas campañas de marketing para asociar sus productos con determinadas tribus a las que tratan como público objetivo. El problema surge cuando los individuos que forman parte del público objetivo carecen de suficientes recursos como para pagar por los bienes y servicios que les integrarían en la tribu: esto dará lugar a vías alternativas para satisfacer la necesidad que la campaña de marketing les ha creado.
Estas vías alternativas suelen consistir en actividades que, con o sin ánimo de lucro, colisionan con el plan de marketing ideado por la empresa y ponen en riesgo la recuperación de la inversión publicitaria: falsificación de marcas, intercambio de archivos a través de redes P2P, top manta, etc. Algunas de estas actividades son ilegales, otras no: pero en demasiadas ocasiones no han sido tenidas en cuenta por las empresas, que reaccionan metiéndolas todas en el mismo saco bajo la acusación genérica de piratería, y cargando contra sus potenciales clientes.
Al final nos encontramos una relación de amor-odio entre la empresa y sus clientes, una relación de mutua necesidad pero a la vez de mutua desconfianza, en la que unos compran y otros venden mientras se intercambian insultos e incluso denuncias. Buena parte de la industria discográfica a llegado a este callejón sin salida: temen perder ingresos si permiten el libre intercambio de música a través de las redes P2P, pero perderán a sus potenciales clientes si los siguen insultando y acosando.
Las empresas que, por el contrario, facilitan el acceso a sus productos y servicios sin enfrentarse con sus potenciales clientes tienen muchas mas probabilidades de triunfar. Evidentemente no es un factor suficiente para garantizar el éxito, pero está claro que permitir a los potenciales clientes una amplia libertad en el uso y disfrute de los productos es mucho mas atractivo para el mercado que restringir dichos usos. Tal y como decía David Cantolla respecto a la presencia de Pocoyo en Internet:
"Los Capítulos de Pocoyó están en Emule y estoy seguro que a los licenciatarios de DVD no les hace gracia pero sin embargo la exposición del producto es en sí 1000 veces más importante para la marca que la piratería. En ese sentido Pocoyó está creado para que la piratería que existe de alguna manera le sume más que le reste. Todos los capítulos están en Youtube y Zinkia lo permite, porque es una ventana más donde exponer el producto que se ve rentabilizada después de otra manera."