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Categoría: Economía para piratas

Sostenibilidad, justicia y plurarquía

anvazher 16/08/2009 @ 19:40

Vivimos en la sociedad de las tres "C": consumo, competitividad y control.

Se nos ha convencido de que tanto el bienestar particular como el comunitario dependen de nuestra capacidad para consumir. Consumir no solo debería mejorar nuestra calidad de vida sino que, en teoría, debería impulsar la economía de nuestra comunidad, haciendo que también los que nos rodean mejoren su calidad de vida.

Sin embargo la capacidad para consumir viene limitada por la capacidad del ecosistema para proporcionarnos recursos naturales y para asimilar la polución que generamos. Es necesario, por lo tanto, cambiar nuestra forma de vida a otra en la que asumamos que el consumo debe ser limitado, de forma que el ecosistema funcione de forma sostenible.

Se nos ha convencido de que la mejor manera de que todos contribuyamos al bien común en la medida de nuestras posibilidades es hacernos competir a los unos contra los otros: es así como se espera que cada individuo sea tan productivo como le sea posible.

La consecuencia de esta competición salvaje es que el reparto de recursos es totalmente injusto: mientras que una parte de la población disfruta de un alto nivel de vida merced a un exagerado consumo de recursos otra parte ni siquiera tiene acceso a disfrutar de la mayor parte de los recursos que extrae del ecosistema. Quien domina los recursos no suele ser quien los extrae del ecosistema, sino quien comercia con ellos. Es necesario, por lo tanto, exigir que toda relación comercial se encuadre dentro de las prácticas del comercio justo.

Se nos ha convencido de que para que la información sea fiable debe estar controlada por poderes públicos y privados profesionales.

Sin embargo esos medios profesionales a menudo ocultan o distorsionan la información, impidiendo que podamos juzgar el grado de sostenibilidad ambiental o de justicia social de cada una de las actividades humanas e impidiendo, al mismo tiempo, que podamos apoyarlas o rechazarlas. Es necesaria, por lo tanto, la defensa de un sistema de intercambio de información basado en la plurarquía, en el que todo el mundo pueda contribuir en igual medida y nadie tenga la capacidad de silenciar a otra persona.

Debemos pasar de una sociedad basada en consumo, competitividad y control a otra basada en sostenibilidad, justicia y plurarquía.

¿Pero como llevar a cabo semejante revolución?

Indice de Desarrollo Humano

anvazher 10/08/2009 @ 19:18

Hace unos días dedicaba un post a los perniciosos efectos que puede ocasionar vincular todas las decisiones al PIB y al modelo económico clásico ¿Pero si rechazamos este índice y este modelo, en base a que criterios deberíamos orientar la economía?

Algunos autores proponen sustituir el modelo clásico por otro denominado modelo de sostenibilidad fuerte o modelo de economía verde.

economia_verde.jpgAl contrario que en el modelo clásico, en este modelo todo forma parte de la biosfera (y, por lo tanto, está limitado por los límites físicos de esta). El sistema social sería un subsistema de la biosfera y el sistema económico sería un subsistema del sistema social.

Como indicadores se proponen el Índice de Desarrollo Humano y la Huella Ecológica.

Según la Wikipedia  el índice de desarrollo humano (IDH) es una medición por país, elaborada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Se basa en un indicador social estadístico compuesto por tres parámetros:

Mientras que, también según la Wikipedia la huella ecológica es un indicador agregado definido como «el área de territorio ecológicamente productivo (cultivos, pastos, bosques o ecosistemas acuáticos) necesaria para producir los recursos utilizados y para asimilar los residuos producidos por una población dada con un modo de vida específico de forma indefinida».[1] Su objetivo fundamental consiste en evaluar el impacto sobre el planeta de un determinado modo o forma de vida y, comparado con la biocapacidad del planeta. Consecuentemente es un indicador clave para la sostenibilidad.

Dicho de manera sencilla el IDH es una medida del bienestar social, mientras que la Huella Ecológica es una medida de su coste medioambiental. Lo ideal es un IDH alto y una Huella Ecológica baja. Si representamos en un diagrama ambas variables obtenemos el siguiente resultado:

human_welfare_and_ecological_footprint.jpg

La línea roja representa 2,1 hectáreas por persona, que es la superficie estimada como necesaria para generar los recursos que una persona necesita.  De las economías a la izquierda de dicha línea la que consigue un mayor IDH resulta ser... ¡Cuba!

Por encima de Cuba los países analizados muestran un alto IDH, pero insostenible debido a su excesiva Huella Ecológica. Por debajo de Cuba hay muchas economías con baja Huella Ecológica, pero también con un IDH excesivamente bajo.

¿Es posible alcanzar un equilibrio IDH/Huella Ecológica similar al cubano y, al mismo tiempo, mejorar las condiciones democráticas (y las infraestructuras) respecto a la actual situación cubana? He aquí un interesante desafío.

Información, vida y negocios

anvazher 10/08/2009 @ 15:11

Decía ayer que la información puede estar destinada a generar un objeto mental o un objeto físico. Ayer me centré en el caso del objeto mental, el conocimiento, y hoy me toca comenzar a hablar de la información que se convierte en objetos físicos.

Podría decirse que el proceso de transformar información en objetos físicos es tan antiguo como el mundo, ya que para que se produzca no es preciso la intervención de inteligencia alguna, sino solamente de unas cuantas leyes físicas. La formación de cristales, por ejemplo, se basa en poco mas que la ley de Coulomb de atracción electrostática.

Sin embargo leyes físicas como la de Coulomb no dan para mucho en lo relativo a ordenar la materia en función de una información dada, porque lo mas que logra es la multiplicación de una estructura muy sencilla.

Si hablamos de información genética, en cambio, la cosa es muy distinta. Las moléculas de ácidos nucleicos no solo tienen la capacidad de realizar copias de si mismas indefinidamente, sino tambien de combinarse unas con otras y de generar organismos vivos tanto unicelulares como pluricelulares.

En la ladera de una montaña, en una hectárea de selva amazónica o en un arrecife coralino existe una cantidad de información genética fabulosa. Esta información, en general, había sido despreciada como producto comercial por se difícilmente explotable: lo único que se había logrado había sido el control de determinadas razas agrícolas y ganaderas por parte de unos pocos productores, monopolio que podía romperse en cuanto alguien robase unas cuantas cabezas de ganado o unas semillas de la especie deseada.

Pero estamos comenzando a aprender a leer esa información y, aunque de un modo bastante rústico, también estamos comenzando a escribirla. Así que también se está comenzando a comercializar bajo la forma de patentes.

El hecho de tener la patente de un gen autoriza en exclusiva a su propietario a ejercer su explotación comercial. Esto significa, en los países en los que se admite esta patente, que todo agricultor que cultive un vegetal con dicho gen patentado debe pagar a la empresa titular de la patente. La combinación de la comercialización de dichas variedades genéticas con la de pesticidas que eliminan cualquier otra especie del suelo, junto con la capacidad de hibridación de dichas especies con otras (apareciendo los genes patentados en variedades tradicionales, con la consiguiente denuncia ante los tribunales por parte del titular de la patente) y la necesidad de comprar año tras años las semillas a la misma empresa (están diseñadas para ello) han hecho que las empresas del sector se apropien de la agricultura de comarcas enteras, especialmente en países en vías de desarrollo.

En Europa no se admiten los derechos sobre los genes, sino sobre variedades agrícolas completas, con lo cual de momento no se han producido denuncias por violación de patentes genéticas ¿Pero por cuanto tiempo? Los lobbys de la industria biotecnológica han llegado incluso a sentar en la silla del Ministerio de Ciencia de Innovación a una de sus representantes, Cristina Garmendia.

Mientras tanto la mayor parte de la información genética, disponible libremente en la naturaleza y difícilmente explotable, sufre mermas en sus existencias cada día. La situación viene a ser similar a la que tendríamos si cada día quemásemos una estantería de libros para abrir sitio en una biblioteca: con el tiempo tendremos una gran sala vacía.

Información, conocimiento, cultura y negocios

anvazher 09/08/2009 @ 18:53

Resulta difícil definir con precisión el significado de la palabra información. Podríamos decir que una información es una acumulación de datos. En su forma mas abstracta una información carece de significado mientras no se procese para construir un objeto que puede ser físico o mental.

Al decir que la información puede procesarse para construir un objeto físico me refiero, por ejemplo, al croquis que se materializa en un plano, a la receta que se materializa en un suculento plato, o al código genético que se materializa en un ser vivo. Es un tema apasionante, pero será materia para otro post.

En este post prefiero centrarme en la otra posibilidad: la de que la información sea procesada para crear un objeto mental. Puede sonar extraño, pero en realidad es algo que hacemos constantemente: lo llamamos aprendizaje.

Según Ausubel se produce un aprendizaje significativo cuando se recibe nueva información y esta se relaciona con la que ya teníamos. Esto significa que el aprendizaje consiste en establecer relaciones entre lo que ya sabíamos y la información que acabamos de recibir, enriqueciendo así nuestra estructura cognitiva (nuestro conocimiento, nuestra particular interpretación de la realidad).

De aquí se deduce una consecuencia interesante: según el modelo constructivista de Ausubel el resultado del aprendizaje depende tanto de la información recibida como de los conceptos previos asimilados por la estructura cognitiva. En ocasiones estos conceptos previos están tan asimilados en nuestra estructura cognitiva que ni siquiera cuestionamos su validez, imposibilitando así la asimilación de nuevas ideas que los contradigan.

El aprendizaje puede estar referido a conocimientos de naturaleza muy variada, pero casi cualquier conocimiento puede asociarse al menos con una de tres clases generales denominadas conceptos, procedimientos y actitudes.

¿A donde nos lleva todo esto? Pues nos lleva a que la capacidad de las personas para interactuar entre ellas dependerá, en gran medida, de que compartan unos mismos conceptos, procedimientos y actitudes. En la mayoría de los casos nos encontraremos, por ejemplo, con que un zulú, un europeo y un inuit apenas interactuarán entre ellos, porque sus diferencias culturales son tan grandes (distintas lenguas, religiones, tradiciones, modos de vida, etc.) que será difícil que hagan algo en común. Grupos de zulues, europeos o inuits, sin embargo, se organizarán rapidamente entre ellos para trabajar o irse de fiesta...

Cada grupo social que comparta una cultura común (unos conceptos, procedimientos y actitudes comunes) se constituirá en una tribu que actuará como una unidad social reforzando los lazos entre los individuos que la componen y diferenciándose de las otras tribus, llegando a desarrollar sus propios códigos de comunicación que abarcan desde un léxico particular (expresiones con un significado especial dentro del contexto de la tribu) hasta una determinada estética (ropa, iconografía, música, etc). La integración en una tribu puede contribuir en gran medida a satisfacer las necesidades sociales representadas en el tercer nivel de la pirámide de Maslow, lo que significa que gran cantidad de personas dedicarán muchos esfuerzos a reforzar los lazos con su tribu.

En estas tribus pesa mucho el llamado efecto red: cuanto mas crezca un grupo mas interesante será para alguien pertenecer a él (aunque para el grupo la aparición de un nuevo miembro resulte cada vez menos importante). La consecuencia es que las tribus mayoritarias crecen con mas facilidad que las minoritarias, de forma que es fácil que las tribus mas grandes crezcan a expensas de las mas pequeñas. Este fenómeno es especialmente apreciable, por ejemplo, en partidos políticos.

En ocasiones la cultura puede convertirse en negocio. Si en una tribu el código incluye ciertos productos o actividades susceptibles de ser comercializadas entonces las empresas que comercialicen esos productos tendrán una clientela fiel que las defenderá como parte de si mismos. Algunos ejemplos claros podrían ser los seguidores de los equipos de futbol profesional, o los fans de las estrellas de la música pop.

Asi que muchas empresas dedican grandes cantidades de recursos a costosas campañas de marketing para asociar sus productos con determinadas tribus a las que tratan como público objetivo. El problema surge cuando los individuos que forman parte del público objetivo carecen de suficientes recursos como para pagar por los bienes y servicios que les integrarían en la tribu: esto dará lugar a vías alternativas para satisfacer la necesidad que la campaña de marketing les ha creado.

Estas vías alternativas suelen consistir en actividades que, con o sin ánimo de lucro, colisionan con el plan de marketing ideado por la empresa y ponen en riesgo la recuperación de la inversión publicitaria: falsificación de marcas, intercambio de archivos a través de redes P2P, top manta, etc. Algunas de estas actividades son ilegales, otras no: pero en demasiadas ocasiones no han sido tenidas en cuenta por las empresas, que reaccionan metiéndolas todas en el mismo saco bajo la acusación genérica de piratería, y cargando contra sus potenciales clientes.

Al final nos encontramos una relación de amor-odio entre la empresa y sus clientes, una relación de mutua necesidad pero a la vez de mutua desconfianza, en la que unos compran y otros venden mientras se intercambian insultos e incluso denuncias. Buena parte de la industria discográfica a llegado a este callejón sin salida: temen perder ingresos si permiten el libre intercambio de música a través de las redes P2P, pero perderán a sus potenciales clientes si los siguen insultando y acosando.

Las empresas que, por el contrario, facilitan el acceso a sus productos y servicios sin enfrentarse con sus potenciales clientes tienen muchas mas probabilidades de triunfar.  Evidentemente no es un factor suficiente para garantizar el éxito, pero está claro que permitir a los potenciales clientes una amplia libertad en el uso y disfrute de los productos es mucho mas atractivo para el mercado que restringir dichos usos. Tal y como decía David Cantolla respecto a la presencia de Pocoyo en Internet:

"Los Capítulos de Pocoyó están en Emule y estoy seguro que a los licenciatarios de DVD no les hace gracia pero sin embargo la exposición del producto es en sí 1000 veces más importante para la marca que la piratería. En ese sentido Pocoyó está creado para que la piratería que existe de alguna manera le sume más que le reste. Todos los capítulos están en Youtube y Zinkia lo permite, porque es una ventana más donde exponer el producto que se ve rentabilizada después de otra manera."

El triunfo de Pocoyo

anvazher 09/08/2009 @ 11:56

Ayer dejaba a mis estimados antipiratas devanándose los sesos sobre como Zinkia jugaba a Internet y ganaba, dejando en evidencia cualquier conclusión que tuviera algo que ver con el modelo clásico de economía.

Como decía ayer Pocoyo tiene su propio canal oficial en YouTube desde el 31 de julio de 2007, donde no solo podemos encontrar las divertidas aventuras del niño del gorro azul, sino también algunos reportajes que pueden arrojar alguna luz sobre el éxito empresarial del personaje.

Se dice que el nombre de Pocoyo vino de la hija de uno de sus creadores (David Cantolla, procedente de la desaparecida Teknoland), que en lugar de decir "Jesusito de mi vida, eres niño como yo" decía "Jesusito de mi vida, eres niño poco yo"...Y así tuvo nombre un niño virtual diseñado por Luis Gallego.

Pero una cosa era tener una buena idea y otra cosa era venderla... Las televisiones españolas no consideraron interesante el proyecto, e incluso los socios de Zinkia recuerdan que algún directivo los acusó de "querer vivir de las subvenciones"... y entonces Zinkia se fue con la música a ... el Reino Unido, donde tuvieron mas éxito con sus negociaciones, aunque eso significase que Pocoyo naciese hablando inglés y con un diseño adaptado a los gustos anglosajones...

Pero antes de que Pocoyo apareciese en las televisiones vino la juguetera japonesa Bandai a dar los últimos retoques: algunos detalles de los personajes fueron retocados para poder fabricar peluches atractivos y totalmente inofensivos para los niños pequeños, potencial público de Pocoyo...

El resultado de este encuentro entre ex-empresarios punto.com, niñas que se equivocan en sus oraciones, productores de TV británicos con menos miopia que sus colegas españoles y jugueteros japoneses con una gran visión de futuro:

¿Y el futuro? Películas, mas videojuegos, nuevos episodios, mas peluches, bicicletas... ¿Y qué mas? El fenómeno Pocoyo se ha convertido en el mayor éxito audiovisual español del momento.

La clave. Secillo: Pocoyo no es un producto mercantil, sino social.  No es popular porque se venda bien, sino que se vende bien porque se ha hecho popular.

Economía para antipiratas

anvazher 08/08/2009 @ 11:58

Una cosa es la realidad y otra cosa es la interpretación que hacemos de ella. La realidad es sumamente compleja y polifacética, y toda interpretación que hagamos de ella no será mas que una simplificación mas o menos burda que nos permite interactuar con nuestro entorno mas o menos acertadamente.

A esas interpretaciones simplificadas de la realidad se les llama modelos. Todo el mundo usa modelos para tomar sus decisiones y, aunque no se puede decir que haya modelos perfectos (porque, como ya he dicho, todo modelo es una interpretación simplificada de la realidad) si puede decirse que la validez de un modelo sea mayor o menor, entrando en crisis a medida que los fenómenos que no puede explicar se acumulan encima de la mesa.

Uno de los modelos actualmente en crisis es el llamado modelo clásico o modelo neoclásico de la economía (en realidad creo que debería hablar de modelos clásicos, puesto que hay muchas variantes). Tal y como explicaba Florent Marcellesi no hace mucho...

economia_clasica.jpg

Según el modelo clásico el sistema económico lo abarca todo: todo es mercantilizable y su valor es expresable en términos monetarios, y el estado general del sistema puede ser cuantificado mediante el PIB. El sistema social es un subsistema del gran sistema económico, y la biosfera resulta ser un subsistema del subsistema social.

No estoy, sin embargo, totalmente de acuerdo con Marcellesi en lo relativo a que el modelo clásico confie en el libre mercado. Una administración intervencionista puede mostrar también unos planteamientos acordes con este modelo. Es mas: nuestro actual sistema económico, que justifica sus actuaciones según este modelo clásico, dispone de organos reguladores que permiten aumentar o disminuir el caracter intervencionista de las administraciones públicas según se estime necesario.

Si, en cambio, coincido con él en la exagerada importancia que se concede a un indicador que, a mi juicio, tiene una validez relativa a la hora de describir el estado de un sistema económico. Ese indicador es el PIB que, según la Wikipedia...

El Producto Interno Bruto, Producto Interior Bruto (PIB) o Producto Bruto Interno (PBI) es el valor monetario total de la producción corriente de bienes y servicios de un país durante un período (normalmente es un trimestre o un año). El PIB es una magnitud de flujo, pues contabiliza sólo los bienes y servicios producidos durante la etapa de estudio. Además el PIB no contabiliza los bienes o servicios que son fruto del trabajo informal (trabajo doméstico, intercambios de servicios entre conocidos, etc.).

Me he permitido destacar en negrita el final del párrafo para llamar la atención sobre el hecho de que el PIB no contabiliza el trabajo informal y, sin embargo, es utilizado como indicador principal para estimar si la economía de un país está en recesión o no.

Esto significa que cualquier administración cuyos resultados electorales futuros puedan depender del indicador PIB sentirá la irresistible tentación de aumentarlo como sea, y todo trabajo informal que pueda representar una alternativa al trabajo formal será considerado una amenaza.

Me explicaré con algunos ejemplos sencillos:

Así que, mientras nuestros gobernantes sigan viendo la economía a través del modelo clásico, tanto la industria del software como la industria cultural (por poner solo un par de ejemplos) solo tendrán que enarbolar la sacrosanta bandera del PIB para llevar el agua a su molino. Y nunca faltará quien insinue que el actual gobierno (de presunta izquierda) es demasiado liberal en temas de propiedad intelectual (mejor digamos "presunta propiedad intelectual" o "derechos de autor": otro día explicaré por qué estos matices) para terminar exigiendo una regulación del sistema (aquí tenemos un claro ejemplo de como el modelo clásico también sirve para ejercer una administración intervencionista).

Hagamos, por un momento, el papel de abogado del diablo. Supongamos que el modelo clásico aquí descrito es el menos malo para tomar decisiones en nuestra sociedad. Es aquel que mejor puede orientar las decisiones de una empresa y, a la larga, el que mayores beneficios sociales puede generar.

Pero entonces ¿Cómo explicar que mientras el cine español tiene unos resultados económicos patéticos la productora Zinkia cuelga en YouTube los vídeos de su principal activo, Pocoyo, y se ha convertido en un negocio mas que lucrativo (Pocoyo se estrena en bolsa con una subida del 27,6%, decía no hace mucho el diario El País)? ¿No deberían, según el modelo clásico, ser las descargas libres un freno y no una ventaja a la rentabilidad de la empresa? ¿Debería entonces Zinkia cerrar su canal en YouTube y comenzar a perseguir (como hacen sus colegas audiovisuales de otras productoras) a todo aquel que intercambie videos en la red?

Dejo a mis estimados antipiratas mesándose los cabellos y devanándose los sesos para responder al desafío de Zinkia, y preguntándose hasta que punto es razonable (y útil) el modelo económico clásico.